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¿Y así quiere ser ídolo?

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Si bien es cierto, el ecuatoriano Christian Benítez fue rentable para el América en su segundo torneo como jugador águila, su actitud, dentro y fuera de la cancha, está muy lejos de ser ejemplar.

Tal vez por saberse o mejor dicho, “creerse” el salvador americanista, el también conocido como ‘Chucho’ toma actitudes de divo que nadie había tenido siendo jugador azulcrema. Benítez ha cumplido en la cancha y punto. Nada del otro mundo.

Es envidioso con sus compañeros, muuuuuuuuuuuuuy personalista, para colmo, un fallador de penales nato y muy lejos de tener la capacidad definidora, por ejemplo de un Salvador Cabañas, que de todas, metía todas.

Este jugador, que ya fracasó en el viejo continente en el Birmingham City de Inglaterra, donde solo anotó cuatro goles y que además, se da el lujo de fallar más goles de los que anota, peca de soberbio y poco inteligente.

Sabiendo que al quitarse la playera cuando se celebra un gol, se recibe automáticamente una tarjeta amarilla, lo hace… y reincide en ello, sin importarle las consecuencias para el equipo.

Lógicamente tanto a Miguel Herrera como a Ricardo Peláez nos les agrada el hecho y el entrenador americanista así lo hizo saber públicamente, cosa que al ‘número once’ americanista le valió un pepino al declarar que no le importa si su entrenador se molesta por eso.

“A mí no me molesta, es un festejo que antes del juego ya lo tenía planeado y si le molesta a Herrera, qué le puedo hacer, problema mío no es, él es el que va a estar molesto, no yo”, dijo con el mayor descaró y cinismo posible.

“Si hay algo como un cumpleaños de un familiar, que es importante para mí, por qué no lo voy a hacer; soy muy cuidadoso cuando me sacan una tarjeta amarilla y de no hacerme expulsar en las jugadas. Creo que en dos partidos borro una; así que está largo para poder llegar a cinco”, remató.

Este hombre, que hace un mes se inventó ofertas en el extranjero con tal de mejorar su contrato actual con nuestro equipo, esta muy lejos de ser o convertirse en ídolo de la fanaticada americanista que ve en él a un tipo engreído, cremoso, soberbio, envidioso y además muy errático al momento de definir las jugadas. Y para colmo, cínico.

Por: Héctor R. Hernández (@realidadamerica)

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