
Por Héctor Hernández.
Cuando se enfrentaron los Cremas del América y los Pumas de la Universidad Nacional en las temporadas 72-73 y 73-74 llamó mucho la atención la extraordinaria marca que el mediocampista de contención universitario hizo sobre el cerebro americanista, Carlos Reinoso. Prácticamente no le dejó hacer nada en esos compromisos, y detener al crack chileno si era una verdadera hazaña. Por lo mismo el entrenador de los Millonetas José Antonio Roca no dudó en hacer una petición a su mano derecha, el secretario técnico Panchito Hernández: “Quiero a De la Torre con nosotros”.
Ahí empezó el camino de Antonio de la Torre Villalpando en el Club América. Desde antes de llegar al equipo, ya se hablaba de él, inclusive durante la misma campaña 73-74 en la revista oficial de los Cremas, “Fibra América” se comentaba lo importante que sería incorporar a la sensación de los Pumas y de la Selección Nacional al cuadro de Coapa.
No fue fácil, nada fácil. La Pandilla del Monterrey también lo quería, y pujó fuerte por él. Pero a diferencia de hoy día, en aquellos años de los setentas, el América tenía muchísimo más poder adquisitivo que el equipo que jugaba en el Tecnológico y finalmente, para nuestra fortuna, Toño llegó a Coapa para beneplácito de todos los americanistas. Y fue algo que le cambió la vida.
Se distinguía por su enorme capacidad física y ese fondo que lo hacía correr de aquí para allá, ir y venir sin siquiera inmutarse. La dinámica que todo jugador quisiera tener. Visualmente llamaba la atención un enorme lunar que tenía en la parte posterior del muslo derecho, imposible no notarlo.
Y aquí en América, a diferencia de tener que marcar al mejor medio del futbol mexicano, iba a jugar con él. Y no solo con él, con grandes figuras que a la postre lo ayudarían a ser mejor futbolista del que ya era.
Creció y tuvo mucha mayor exposición y eso le sirvió mucho, pues a lado de cracks de primer nivel aprendió mucho, mejoró su técnica individual y siguió siendo ese jugador que estaba en toda la cancha.
Disputó 305 partidos oficiales con el equipo desde la temporada 74-75 en su debut en la jornada 1 contra los Leones de la Universidad de Guadalajara –todavía no eran “negros”- hasta la 81-82 en que salió definitivamente luego de haber ido a Los Angeles Aztecs seis meses prestado en 1981. Su despedida fue ante los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo en el juego de ida de la semifinal 81-82, aquél partido que perdimos 2-0 el Universitario y que en la vuelta en el Azteca, el gol de Javier Aguirre fue insuficiente para acceder a la final.
Anotó 50 goles, que para un medio de contención -que fue donde más jugó-, son muchísimos. Sus características eran tan buenas, que muchas veces le permitía al equipo jugar con otro medio pivote -como hoy se les conoce- para que así el Péndulo, como magistralmente los bautizo Ángel Fernández le diera el equilibrio al equipo empezando por un punto fijo –la media cancha- y oscilara libremente, hacia un lado y al otro, cosa que siempre hizo de maravilla.
Ganó dos premios Citlalli, en la 74-75 como jugador más caballeroso y en 75-76 como mejor medio de defensivo, además de haber sido seleccionado nacional siempre, desde las primeras eliminatorias a la Copa del Mundo Argentina 78, luego el Pre Mundial México 77’ y llegar a la cita mundialista en las ciudades de Rosario y Córdoba, cosa que le dejo varias enseñanzas debido al pésimo funcionamiento del equipo tricolor, que cayó estrepitosamente ante Túnez, Alemania y Polonia.
Pero de las derrotas se aprende y regresó más maduro, más hecho, más líder y en la 78-79, ante el inesperado retiro de Carlos Reinoso, se convirtió en el capitán azulcrema, gafete que le heredó a Alfredo Tena poco antes de finalizar la temporada 80-81.
Toño lo ganó todo con el América: empezando por el cariño de la gente, lo más importante, así como ese mismo sentimiento pero de sus compañeros. Y que decir de sus demás logros, los colectivos, donde fue campeón de Liga 75-76, de Campeones 75-76, de Concacaf 1977 y Copa Interamericana 1978. ¡Ah, y por si faltaba, también fue subcampeón de Copa 75-76!
O sea que el nacido en Lagos de Moreno, Jalisco, el 21 de septiembre de 1951 y que hizo su debut profesional con los Pumas en 1971 a los 20 años, disputó como Americanista, la final de cada una de las competencias oficiales que había: Liga, Copa, Campeón de Campeones, Concacaf y Copa Interamericana. Pocos tiene ese récord, y pocos fueron como el gran Toño de la Torre, el Péndulo del lunar, el profesional intachable. Falleció el 2 de agosto de éste 2021 y nosotros los americanistas, siempre recordaremos su entrega, sus goles, su clase y por supuesto, su don de gente… y mientras tanto, que siga rodando el balón... ¡hasta la próxima!
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